DECÁLOGO DE LA ESPERANZA


1. APRENDER A DESAPEGARSE

Comenzar a abrir un espacio entre la persona que se ha ido y el propio proyecto personal de vida. Esto no significa ni olvidar ni dejar de amar al ser querido.

2. COMUNICAR LO QUE SE SIENTE

El duelo lo elaboramos mejor cuando buscamos expresar lo que sentimos, comunicándolo a alguien más. Hay que darle voz a lo que sentimos dentro y confiarlo a alguien que sabemos puede acogerlo y ayudarnos.

3. NO TOMAR DESICIONES IMPORTANTES

Las "grandes decisiones", como cambiar de trabajo, vender la casa, casarse, tener un hijo, etc., son mejor postergarlas para cuando hayamos alcanzado un mayor grado de serenidad y equilibrio emocional.

4. SER PACIENTE CON UNI MISMO

"Todavía me siento triste", siempre pienso en él (ella), "cuando terminará este calvario", "no logro rezar", son expresiones comunes en este proceso, que no debe impacientarnos y mucho menos desanimarnos. Exigen paciencia con nosotros mismos.

5. APRENDER A PERDONAR

Perdonarnos a nosotros mismos, por no haber hecho "lo suficiente"; perdonar a quien falleció, por habernos dejado; perdonar a los demás, por posibles errores; "perdonar" a la vida, por habernos herido; y también "perdonar" a la muerte, por habernos quitado a la persona querida. En otras palabras: Reconciliarnos.

6. ACUDIR A LAS FUENTES VIVAS DE LA FE

La fe no protege del dolor, pero ayuda a afrontarlo. En ese sentido, los valores y principios cristianos son fundamentales en la forma cómo enfrentamos la muerte y nos reconciliamos con ella, y el significado que le damos a nuestra propia vida.

7. CREER EN UNO MISMO

La muerte de una persona muchas veces nos obliga a afrontar desafíos impensados. En la medida en que asumamos y llevemos a cabo, iremos ganando confianza en nosotros mismos. El sufrimiento también estimula la creatividad.

8. ESTABLECER NUEVAS RELACIONES

No para reemplazar a la persona que murió, sino para encontrar a quienes podrían necesitar de nuestro tiempo, atención, afecto y oraciones, del mismo modo como nosotros podríamos necesitar de ellas.

9. VOLVER A SONREIR

La felicidad es algo que aprendemos. Ser felices es una decisión que tomamos. La felicidad no es la ausencia de problemas, sino nuestra capacidad de afrontarlos positivamente. Podemos ser felices también en medio del dolor gracias a la esperanza cristiana.

10. EMPEZAR A DAR

El sufrimiento que no destruye mejora a las personas. El misterio más grande que esconde el dolor es su capacidad secreta de desencadenar amor. El modo más eficaz de vencer la propia soledad y superar el dolor es dejar de pensar en uno mismo para entregarse a los demás.


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